martes, 2 de junio de 2009

¿Atención al cliente?

La culpa es mía. En la entrada al blog anterior dije que varias empresas lo estaban haciendo bien, enfocadas en lo que era su negocio, entre ellas Telefónica. Como nunca hay que mentar la bicha, desde ese momento y durante una semana me he quedado sin correo electrónico.
Resulta que cuando di de alta la línea ADSL, contraté también un paquete de correo electrónico con mi propio dominio, BTRZSA.com (¡Pues a mí me gusta!). Es el que uso para mis intentos de organizar torneos de videojuegos. También tengo una cuenta personal en telefónica.net, alejada de todo el spam que tiene Hotmail.
El lunes todo empezó a fallar. No es algo nuevo, suele pasarles a los servidores de correo cada dos meses más o menos durante un par de días. El miércoles me preocupé, no fuera a llegar justo la propuesta de empleo definitiva en esos días, y llamé al servicio de averías. Después de unos 5 minutos hablando con una operaria realmente encantadora, me dijeron que había “una caída masiva del sistema”, y que les diera mi móvil, que ya me llamarían. Me llamaron el viernes.
Todo esto no sería más que otra anécdota de los servicios postventa, sino fuera porque el teléfono de averías es un 902, es decir, que la confirmación de que el sistema estaba roto encima me costó unos euros.
Ahora quiero llevarme el dominio y mis correos a otra empresa. Voy a sufrir el vía crucis de darme de baja en Telefónica, algo más complicado todavía que apostatar. Solo quiero dar de baja el correo (no voy a decir lo que me funciona bien, por si acaso). Supongo que para el verano ya podré tener mi correo en otros servidores.
Pero esto, desgraciadamente no es un hecho aislado. Vemos la prensa llena de ejemplos: facturas de las eléctricas, secuestros de líneas telefónicas, billetes de avión que luego te cobran el embarcar la maleta, el timo de las revisiones del gas, etc. Y esto no es solo en servicios. Intenten llevar su coche a revisión en un servicio oficial en menos de una semana, por ejemplo. En mi caso, tengo un Mazda, y me han quitado el servicio de chapa y pintura del taller. Si tengo un golpe, su consejo es que me busque la vida en algún taller concertado con el seguro.
Los usuarios en este país somos los auténticos sufridores. No hay manera de parar los pies a las empresas, y estas recortan gastos e incluso te cobran por corregir sus propios errores. Y el problema principal es que no hay alternativas mejores. Supongo que por eso nos están echando a todos a la calle, para que dejemos de ser consumidores y dejemos de sufrir.

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